Cohabitando
Desde hace unos años, después de la crisis política del 2019 y en medio de la pandemia, nos propusimos como Territorio Feminista, habitar las múltiples crisis que vivíamos y que se venían. Desde esa opción política convocamos a otras hacerlo y desde cada experiencia individual y colectiva poder reflexionar y aprender como resistimos, nos sostenemos y enfrentamos estos tiempos difíciles.
En este espacio cohabitaran diversas voces, miradas, horizontes, deseos en el que buscamos complicidades, diálogos y acuerpamientos por la vida y el futuro.
Cuando las mujeres se unen, florecen sueños: encuentros desde Kiswaras hasta Sopocachi
Desde Kiswaras, en la ciudad de El Alto, pasando por encuentros virtuales que ayudaron a acortar distancias geográficas y simbólicas, hasta llegar al corazón de Sopocachi, en la ciudad de La Paz, se sembraron semillas de unidad, amistad y esperanza. No se trató de eventos aislados, sino de un proceso continuo de diálogo y construcción colectiva que fortaleció los lazos entre mujeres luchadoras, solidarias y comprometidas con la transformación social.
En cada territorio, las mujeres compartieron experiencias de vida, analizaron desafíos comunes y pensaron estrategias para sostener sus procesos organizativos en contextos marcados por la precarización, la sobrecarga de cuidados y las múltiples violencias que atraviesan sus vidas. La palabra, el cuerpo, la memoria y la tierra estuvieron presentes como ejes centrales de estos encuentros, reafirmando que los sueños colectivos se construyen caminando juntas, desde el cuidado, la organización y la acción comunitaria sostenida.
Esta serie de encuentros se realizó en el marco del proyecto “Intercambio de Estrategias Colectivas en el presente con horizontes de futuro – Sembrando Semillas para Germinar”, una iniciativa orientada a fortalecer los vínculos entre mujeres, colectivos y territorios a partir del intercambio de saberes, experiencias y prácticas comunitarias. El proyecto fue posible gracias a la subvención del Fondo de Mujeres de Bolivia – Apthapi Jopueti, que acompañó este proceso de articulación y construcción colectiva, apostando por propuestas que ponen la vida, el cuidado y la sostenibilidad en el centro.
La propuesta reunió a integrantes de los colectivos Territorio Feminista, Mujer Manos de Semilla y la Red de Periodismo Feminista de Bolivia (REDFEM), quienes participaron en encuentros presenciales y virtuales. Más allá de la agenda formal, estos espacios se convirtieron en territorios de confianza, escucha y aprendizaje mutuo, donde las mujeres reflexionaron sobre sus realidades presentes y proyectaron horizontes de futuro desde una mirada feminista, comunitaria y territorial.
En total se realizaron cuatro encuentros: dos virtuales y dos presenciales. En el primer diálogo virtual, las integrantes de los tres colectivos comenzaron a conocerse y a compartir cómo, desde marzo de 2020, con la irrupción de la pandemia de la Covid-19, enfrentaron una profunda crisis económica y social. Algunas relataron la pérdida de sus fuentes laborales; otras compartieron estrategias de supervivencia cotidiana, como aprender a ahorrar, reorganizar la economía del hogar o mejorar el manejo de los alimentos para evitar gastos innecesarios, por ejemplo, congelando verduras para prolongar su duración. Cada testimonio abrió una ventana a la intimidad de la vida cotidiana y permitió comenzar a tejer una red de apoyo, empatía y confianza.
Desde el espacio virtual, el tercer encuentro estuvo dedicado a reflexionar sobre las potencialidades y los desafíos de habitar espacios digitales de manera colectiva y sostenible. En ese marco se presentó la página web Germinar Futuros (https://germinarfuturos.com), concebida como una plataforma viva de intercambio de saberes y narrativas. El diálogo fue facilitado por Marianela Diez C., quien propuso preguntas y dinámicas participativas para pensar cómo enriquecer este espacio digital desde las experiencias de los colectivos.
Durante la presentación, Tania Quiroz, integrante de Territorio Feminista, explicó las distintas secciones de la página web, entre ellas Confluencias, Cohabitando, Desencantadas y Huellas y rumbos. Según señaló, estos espacios están abiertos para que los colectivos y las mujeres puedan escribir, compartir conocimientos, relatar experiencias y narrar la cotidianidad desde miradas críticas y situadas.
En la presentación de Germinar Futuros, las participantes señalaron que Confluencias es un espacio de colaboración mutua y de haceres creativos entre mujeres para generar procesos de investigación-acción que apunten a potenciar prácticas concretas de transformación cotidiana y de sostenimiento de la vida. Asimismo, el sitio se propone generar vínculos con otros espacios e iniciativas individuales y colectivas que permitan enfrentar las crisis actuales mediante acciones colaborativas, frente a la fragmentación social y la precarización acelerada.
Sopocachi: el encuentro como llegada y como inicio
El encuentro presencial, realizado en el café Wayruru, en la zona de Sopocachi, se vivió como un espacio de llegada, pero también como un punto de partida. Mujeres de Territorio Feminista, Mujer Manos de Semilla y la Red de Periodismo Feminista de Bolivia (REDFEM) se reunieron para compartir vivencias, fortalecer redes y proyectar acciones conjuntas que trasciendan el momento puntual del encuentro y se sostengan en el tiempo.
El espacio fue construido desde una lógica horizontal, donde cada voz tuvo lugar y cada experiencia fue valorada. En un contexto marcado por desigualdades estructurales, violencias y una histórica sobrecarga de tareas de cuidado que recaen sobre las mujeres, estos espacios se volvieron necesarios para el descanso colectivo, la reflexión crítica y la construcción de sentidos compartidos.
“Dejo para la mesita mucho, mucho cariño, mucha esperanza”, expresó Graciela Laura, integrante del colectivo Mujer Manos de Semilla, sintetizando el espíritu del encuentro y el clima de afecto que se fue tejiendo entre las participantes.
El diálogo también estuvo orientado a pensar acciones concretas que permitan sostener los vínculos construidos. “Que esté presente sea el inicio de muchas cosas. Que hagamos este trueque como habíamos planificado. Vayamos a trabajar la tierra a la casa de Fátima, integrante de Territorio Feminista. Hagamos eso, no dejemos pendiente”, propuso Graciela, subrayando la importancia de llevar las ideas al terreno práctico y comunitario.
La mirada hacia el futuro fue compartida por otras participantes. Anahí Cazas, de la Red de Periodismo Feminista de Bolivia, expresó un deseo colectivo: “Primero pido salud para todas, que es lo más importante en la vida. Y que esto no sea solo el inicio, sino el comienzo de grandes amistades y grandes proyectos, de algo grande para todas”.
El cierre del encuentro en Sopocachi estuvo marcado por un gesto profundamente simbólico. El colectivo Mujer Manos de Semilla entregó plantas a cada una de las participantes y compartió conocimientos sobre cómo sembrarlas y cuidarlas.
Entre las plantas entregadas se encontraban perejil, orégano, ruda, locoto y romero, entre otras especies. Mientras las manos tocaban la tierra, también circularon historias, consejos y saberes transmitidos de generación en generación. Sembrar juntas se convirtió en una metáfora viva del proceso colectivo: cuidar una planta implica paciencia, constancia y atención, del mismo modo que sostener una red de mujeres requiere tiempo, compromiso y afecto.
Kiswaras: comunidad, territorio y vida cotidiana
En Kiswaras, en la ciudad de El Alto, el encuentro adquirió una dimensión profundamente comunitaria. Las actividades se desarrollaron integrando la vida cotidiana, el trabajo colectivo y la presencia de hijas, hijos y adolescentes, demostrando que la organización de las mujeres no se separa de la vida familiar ni del territorio que habitan.
“Aquí, como estamos compartiendo y haciendo otras actividades, incluso con nuestros hijos, agradecemos que hayan venido a compartir nuestras vivencias a partir de nuestras experiencias”, expresó una de las integrantes de Mujer Manos de Semilla, al saludar a las participantes.
El proceso organizativo de la comunidad ha sido largo y sostenido en el tiempo. “Hemos ido construyendo nuestros caminos de diferentes formas. Algunas cosas han resultado bien, otras no como queríamos, pero de cada experiencia hemos aprendido mucho”, relató Graciela Laura, al hacer memoria del recorrido colectivo.
Uno de los principales desafíos ha sido construir espacios de formación que consideren la realidad de las mujeres que maternan. “Muchas veces se nos dificulta ir a un trabajo de horario continuo o a talleres donde no permiten estar con los wawas, y eso hace que nos estanquemos en nuestra formación”, explicó, resaltando la importancia del apoyo mutuo, el cuidado compartido y la organización comunitaria.
La participación intergeneracional fue central. Camila, una adolescente de la comunidad, expresó su interés en seguir participando: “Soy de la comunidad Mujer Manos de Semilla y me gusta participar en estas actividades”, evidenciando la importancia de involucrar a niñas, niños y jóvenes en estos procesos y en la transmisión de saberes.
Intercambio, semillas, alimentación y soberanía
La preocupación por la alimentación de niñas y niños fue uno de los ejes de la creación de Mujer Manos de Semillas. Este nacimiento fue narrado justamente en el encuentro en Kiswaras. “Las wawas solo reconocían dulces y chocolates que llegan de afuera. Eso nos ha parecido un problema y hemos querido intervenir trabajando con las mamás de kínder y pre kínder”, explicó Graciela Laura.
De esa inquietud nació un huerto comunitario, construido con esfuerzo colectivo y recursos limitados. “Ha sido bien difícil. El trabajo de pico y pala es pesado y muchas compañeras se han ido porque no han aguantado. Nosotras también hemos cortado el azúcar”, relató, aludiendo tanto al esfuerzo físico como a los cambios de hábitos alimentarios.
Las primeras semillas sembradas fueron lechuga, acelga y espinaca, a las que luego se sumaron plantas medicinales como cedrón y toronjil. Con el tiempo, se organizó un círculo de alimentos basado en el intercambio y la rotación. Aunque el proceso se fue debilitando, los aprendizajes permanecen. “Los conocimientos no se han ido. Todo lo que hemos aprendido sigue con nosotras”, afirmó.
Durante el encuentro, el intercambio de saberes cotidianos cobró fuerza. Fátima, de Territorio Feminista, compartió conocimientos sobre semillas que suelen desecharse. “Eso se hace secar, se le saca la almendra y es bueno para la próstata. Muchas veces lo botamos y puede llegar a valer hasta cinco bolivianos”, comentó, subrayando la importancia de revalorizar lo que se tiene.
El autocuidado de la salud también fue un tema importante del encuentro. Las anfitrionas pidieron a las asistentes plasmar con pintura roja la forma de su útero; luego, cada una explicó la imagen y rompió el miedo de hablar de su cuerpo. De ese diálogo surgió el tema del autocuidado en la salud, un aspecto que casi siempre se deja pendiente.
La alimentación también fue abordada desde una mirada política. Miriam Huacani Zapana, integrante de Mujer Manos de Semilla, cuestionó la coherencia entre el discurso y la práctica cotidiana. “Hablamos mucho de descolonización y despatriarcalización, pero en nuestra alimentación, ¿cómo estamos viviendo? ¿Estamos cuidándonos o estamos dando sostenibilidad a la Madre Tierra?”, planteó.
Las participantes coincidieron en la necesidad de recuperar alimentos tradicionales como el tarwi o la cañahua y transmitir estos saberes a las nuevas generaciones. El proceso comunitario también estuvo atravesado por la memoria y el duelo tras la partida de Maya, integrante clave de la comunidad, cuyo legado sigue presente en las prácticas colectivas.
Sembrar como acto pedagógico y colectivo
El encuentro en Kiswaras cerró con un gesto cargado de sentido. Mujer Manos de Semilla regaló semillas a las participantes y Graciela Laura guió una práctica colectiva de siembra.
“Con esto es más que suficiente. Aquí se puede poner, por ejemplo, cilantro. Se coloca la semillita, dos o tres nomás, y se cubre con una capita ligera, no muy pesada, porque si no, no va a crecer”, explicó.
Detalló que primero la planta debe agarrar raíz en un recipiente pequeño antes de llevarla al huerto. “Cuando ya está crecidito, se saca como macetita y recién se trasplanta a la tierra”, señaló, recomendando incluso cubrirla con nylon para generar calor.
La siembra se transformó así en un acto pedagógico, colectivo y simbólico, donde el cuidado de la tierra se enlazó con el cuidado entre mujeres y la proyección de futuro.
Los encuentros realizados en Kiswaras y Sopocachi forman parte de un proceso más amplio de articulación entre mujeres que apuestan por el feminismo comunitario, la soberanía alimentaria y el cuidado colectivo.
En cada palabra compartida, en cada experiencia narrada y en cada semilla sembrada, se reafirmó el compromiso de seguir caminando juntas. Cuando las mujeres se unen, los sueños no solo florecen: echan raíces, se multiplican y se convierten en acciones concretas que fortalecen comunidades, territorios y horizontes de futuro.
¡Contamos contigo!
En este 2026, soñamos con ver las semillas que sembramos creciendo y germinando juntas…

Talleres
Los talleres son espacios de aprendizaje y acción colectiva donde exploramos soluciones a los problemas que nos afectan. A través de actividades prácticas y debates, buscamos transformar nuestras ideas en cambios reales.

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Taller ejemplo 1
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